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Dalia Gutmann 
dgutmann@inconciente.com



Vivir con un psicólogo
(Una cruda experiencia)

Maridos, hermanos, novias, dan su testimonio…
•  “Desde que estoy de novio con Yael mis amigos dejaron de ser Diego, Marcos y Javier... ahora se llaman “el esquizo”, “el fóbico” y “el gran proyectador”... (Ezequiel, novio de la Lic. Maturano)
•  “Mis amigas se quejan porque sus maridos nunca les repreguntan nada... yo daría lo que fuera porque Alberto deje de contestarme todo, todo, todo, con otra pregunta” (Ana, esposa del Lic. Marotto)
•  “Desde que mi hermana empezó a estudiar psicología, no entiendo nada de lo que habla” (Javier, hermano de Sandra Guerrero, estudiante de la carrera de psicología de la UBA y miembro del fans club de Jacques Lacan)



Por qué lo abandonaste
(Motivos por los que dejaste a tu psicólogo)

•  “No me bajaba a abrir, me decía que espere a un vecino”
•  “Me bajaba a abrir y en el ascensor no teníamos tema de conversación”
•  “No se daba cuenta de mis actos fallidos, yo tenía que hacérselos notar”
•  O “jugaba todo el tiempo con el reloj mientras yo le hablaba y me desconcentraba” o
“movía constantemente el zapato mientras yo le hablaba”
•  “Atendía el teléfono durante la sesión”
•  “Le pedí agua porque tenía sed y me dijo: ya lo decía lacan, no hay que responder al deseo
del otro...”

Me da bronca...

•  Que por más esmero que ponga, mi casa nunca quede como en las revistas de decoración, ni mis vacaciones sean como en las revistas de los famosos, ni mi pelo quede como en la foto del corte que me mostraron en la peluquería…
•  No poder entrar en síntonía con las puertas giratorias y automáticas.
•  Tomarme un taxi, no conocer el recorrido y sentir siempre, siempre que me están “paseando”.
•  Hacer una fila, esperar, esperar, esperar y finalmente cuando llega mi turno, abran otra caja.
•  Pasar los últimos 10 minutos de la sesión nerviosa, pensando que en cualquier momento voy
a escuchar “la dejamos acá”.

Clasificados:

“Busco psicólogo lacaniano que me abrace...”
“Busco pacientes con pocos y sencillos problemas para hacer mis primeros pasos
como terapeuta”
“Busco psicólogo abierto las 24 horas y con servicio all inclusive

Concédeme tres deseos

Una de las cosas que más nos hace sufrir a las personas es no poder controlarlo todo…
No poder obligar a los otros a que piensen bien de nosotros o no poder coimear al azar para que siempre esté de nuestro lado. ¿Entonces qué hacemos...? Perdemos gran parte de nuestro tiempo pidiendo tres deseos.



Casa matriz: la lámpara de aladino

Al principio es divertido.
La escena de la torta con las velitas y el pedido infaltable: “los tres deseos, los tres deseos!!”
Una vez por año está bien, pero con el tiempo y los años el pedido de los deseos empezó a tener cada vez más sucursales.
Una la tienen los panaderos, esas pelusas con pelos a las que somos capaces de perseguir hasta alcanzarlas, para luego sostenerla entre los dedos, pedir los tres deseos y dejarla volar...
La vaquita de San Antonio también es considerada fuente de cumplimiento. Es casi el único bicho que aceptamos que se suba a nuestra piel, incluso al que intentamos obligar a que recorra nuestro cuerpo... porque el saber popular dice que con uno de estos insectos encima,
se está apto para hacer los pedidos.
Pasar debajo de un tren en movimiento (siempre y cuando haya un puente de por medio) también es una situación que abre el juego para seguir pidiendo.
Estrenar una ropa o algún accesorio...
Ponerse una pulserita y hacer tres nuditos...
Tirar de espaldas la moneda en una fuente...
Ufff!!



El otro también juega

Hay algunas situaciones en las que se necesita que otra persona se sume al asunto... 
se da cuando de repente conversando con alguien notamos que se le calló una pestaña... “quedate quieto, no te muevas” y con la delicadeza de un cirujano, agarramos con cuidado el pelo del párpado, juntamos el pulgar con el de nuestra víctima, nos aseguramos que los dos hayamos pensado los tres deseos y luego el ganador introduce en su pecho la pestaña perdida...
Los deseosos protagonistas
Hay distintos tipos de pedidores de deseos...
Están los clásicos: amor, salud y dinero...
Hay quienes le dan importancia al orden... “lo más importante es la salud porque si tenes salud podes tener dinero y amor”... y también están los que priorizan el dinero y el amor con el mismo justificativo.
Después están los que tienden a generalizar:
“Que mi familia esté bien, que Rubén me de bola, estar flaca”
Yo creo que hay que ser más explícito:
“Que papá no grite más, que a Rubén dejen de gustarle los gatos y que a mi se me reduzca
el estómago”

Al fin de cuentas…

Si usted todavía no logró superar esta etapa y sigue siendo un “wishoholic”, no sufra más...
Después de todo no es tan mal síntoma.
El que está deseoso, todavía es candidato, fervoroso, ardiente, esperanzado...
Aunque con el aluvión de objetos y situaciones aptas para pedir tres deseos, es común escuchar comentarios como... “si lo decís en voz alta no se cumplen”, o peor: “los del cumpleaños
se cumplen de verdad”
¡¡¿¿Cómo??!! Estuve pidiendo tantos deseos al divino botón... ¿perdí tanto tiempo de mi vida
al cohete?
Me harté... pedir tres deseos se convirtió en una tarea extenuante...
Por eso desde hace un tiempo tiré la chancleta y me dediqué sólo a pedir lo que en el fondo realmente importa...
Sentirme feliz...


Para participar de la sección: dgutmann@inconciente.com