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Mentiras verdaderas
Silvia Tendlarz

La mujer y sus deseos
más escondidos.
Para lograrlos: una mascarada.
¿Engaño o manera particular
de presentarse?
La creación de la mascarada
no anulala pregunta acerca
de qué es ser mujer.

 

Espejito, espejito,

dime quién es la más linda del mundo

En 1920 Abraham publica Manifestaciones del Complejo de Castración en la mujer. Allí, menciona una tendencia que atenúa el Complejo en la mujer para centrarse en la posibilidad de un reconocimiento por parte del hombre que la reconcilia con su feminidad. Dice: Mencionaré un requisito que he encontrado muchas veces: “yo podría resignarme a mi feminidad, si fuera la mujer más hermosa”. Este fantasma de ser la más hermosa se estructura en tres etapas.

El deseo original dice: “Me gustaría ser un hombre”.

Cuando esto se abandona, la mujer desea ser “la única mujer” (“la única mujer del padre” es la intención original).

Cuando también este deseo tiene que ceder ante la realidad, aparece la idea:“como mujer, quisiera ser inigualable”.

A partir de Freud se sabe que el miedo a la pérdida de amor de la niña se instala en el lugar que el Complejo de Castración ocupa en el niño. Esto explica que la mujer efectúe una búqueda continua de pequeños signos que cifren el amor del partenaire.

En una primera etapa, la niña padece el Complejo de masculinidad, para el que puede distinguirse un doble tiempo. El primero concierne al desarrollo normal de la niña y traduce la actividad fálica que acompaña a una relación exclusiva con la madre: la niña identificada al falo de la madre. Este
tiempo es diferente al que constituye una de las respuestas a aquel en el que se juega el rechazo o la negación de la castración. Entre estos dos tiempos se sitúa el pasaje de la madre hacia el padre y la expectativa de recibir el falo del padre.

 

Texto completo en la revista…




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