Espejito, espejito,
dime quién es la más linda del mundo
En 1920 Abraham publica Manifestaciones del Complejo de Castración en la
mujer. Allí, menciona una tendencia que atenúa el Complejo en la mujer para
centrarse en la posibilidad de un reconocimiento por parte del hombre que la
reconcilia con su feminidad. Dice: Mencionaré un requisito que he encontrado
muchas veces: “yo podría resignarme a mi feminidad, si fuera la mujer más
hermosa”. Este fantasma de ser la más hermosa se estructura en tres etapas.
El deseo original dice: “Me gustaría ser un hombre”.
Cuando esto se abandona, la mujer desea ser “la única mujer” (“la única
mujer del padre” es la intención original).
Cuando también este deseo tiene que ceder ante la realidad, aparece la idea:“como mujer, quisiera ser inigualable”.
A partir de Freud se sabe que el miedo a la pérdida de amor de la niña se
instala en el lugar que el Complejo de Castración ocupa en el niño. Esto
explica que la mujer efectúe una búqueda continua de pequeños signos que
cifren el amor del partenaire.
En una primera etapa, la niña padece el Complejo de masculinidad, para el
que puede distinguirse un doble tiempo. El primero concierne al desarrollo
normal de la niña y traduce la actividad fálica que acompaña a una relación
exclusiva con la madre: la niña identificada al falo de la madre. Este
tiempo es diferente al que constituye una de las respuestas a aquel en el
que se juega el rechazo o la negación de la castración. Entre estos dos
tiempos se sitúa el pasaje de la madre hacia el padre y la expectativa de
recibir el falo del padre.
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