¿Qué es una prostituta?
Para hablar de prostitución se requiere que las relaciones sexuales sean con partenaires múltiples y cambiantes y que haya un pago material. Si se cumple sólo la primera condición, se hablará de promiscuidad. Si se cumple sólo la segunda, estamos frente a un matrimonio de conveniencia o una situación tipo mantenida, pero no ante un acto de prostitución.
En algunas civilizaciones antiguas existían formas de prostitución sagrada: las mujeres debían entregarse como parte de un ritual a los visitantes del templo, quienes pagaban por los favores recibidos. Pero, desde la antigüedad, el lugar social de la prostituta casi siempre quedó próximo al de la esclava: o se la compraba por su belleza y habilidades eróticas (lujo sólo de los muy ricos), o para agregar la servidumbre erótica a otras obligaciones.
La prostitución, hoy
Para conceptualizar la actitud de la sociedad frente al tema de la prostitución, se hace necesario considerar varios factores:
1. El repudio ético. Desde la moral contemporánea, por la pérdida de dignidad humana que se supone que implica. Desde el feminismo, por ser expresión de explotación sexista. Desde las iglesias, por ser pecado.
2. Su carácter peligroso. Porque transgrede la cultura social en lo que se refiere al uso del cuerpo y sus placeres, por las consecuencias de las enfermedades venéreas –agravadas con la irrupción del sida–, o porque queda asociada a actividades antisociales como la violencia, delincuencia y la drogadicción.
3. Preserva estructuras sociales como la pareja tradicional y la familia. La prostitución, desde ese punto de vista, es una manera de contener a las mujeres decentes para que no caigan en la tentación de la sexualidad. Como consecuencia de ello, se ha separado a este sector de la sociedad, a veces recluyéndolo en un lugar –prostíbulos o los barrios de putas–.
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