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Sigmund Freud
(1856-1939)

por Rudy

 

"La política es el arte de lo posible, el psicoanálisis es el arte de lo imposible", Woody Allen.

"Antes de Freud era difícil conseguir psicoanalista", Atribuido a Kart Psíquembaum, del grupo Buffet Freud

Sigmund Freud nació en Freiberg, Moravia  en 1856. Como su madre quería que fuera doctor, la familia se trasladó a Viena cuando él  tenía sólo tres años, así ella podía pasear con su pequeño por la calle y presentarlo a los vecinos y transeúntes como “mi hijo, el doctor”.
Quizás el primer descubrimiento de Freud fue la sexualidad infantil,  más o menos a los 4 años. Cuando su padre advirtió semejante  descubrimiento se asombró, y le advirtió que si lo veía otra vez tocándose el objeto fálico, se lo iba a cortar. Para vengarse Freud inventó todo el asunto ese del complejo de Edipo, donde el hijo mata al padre, se casa con la madre, es hermano de sus hijos y padrastro de sí mismo.

Años después Freud dejó de ser un doctor imaginario y pasó a ser uno real. Se recibió de médico, que es la manera judía de elaborar el Edipo: uno no “se casa” con su madre, pero se “recibe” con su madre;  sino ella se muere.

Quizás el segundo descubrimiento de Freud, fue que siendo un joven médico judío en Viena, no tenía muchas posibilidades a la hora de ejercer profesión: las dos únicas permitidas eran ‘víctima de los antisemitas’ o ‘psicoanalista’, y nadie conocía el psicoanálisis.
Freud no se amilanó. Si el psicoanálisis no existía,  él podía inventarlo. Empezó como hipnotizador,  lo que le permitía trabajar en un circo, pero no en un consultorio. Entonces probó con el sistema de la catarsis: los pacientes hablaban, gritaban, se emocionaban, y él los escuchaba tranquilamente sentado en su sillón, fumando su pipa. El problema es que al final ellos le querían cobrar a él.

En 1896 Freud le escribió a su entonces colega y confidente Ernest Fliess: “¡Doctor Fliess, las histéricas me mienten!, y Fliess le respondió “¡a mí también!”. Y allí nació la herramienta fundamental del psicoanálisis, la asociación libre: “hay que dejar que los pacientes digan lo que quieran, y no creerles nada”.

En el año 1900 Sigmund Freud publicó “La interpretación de los sueños”.  Es un texto complejo que frustra a muchos de sus lectores ya que no entienden cómo utilizarlo para ganar a la quiniela.

A pesar de las tempranas amenazas de su padre, Sigmund Freud sigue investigando los vericuetos de la sexualidad. Dice respecto del sexo: “es bueno”. Sus colegas polemizan acerca de la veracidad del descubrimiento freudiano “Se ve que él no la conoce a mi mujer” -comenta uno-. “Ni a mi suegra” -dice otro-. ‘Ni a mi perro’ -interviene un tercero-.

La Iglesia, en cambio, sí le dio le importancia que el asunto merece, y expresó: “Freud dijo que el sexo es bueno, así que es malo”

En la primera década del siglo XX Freud pronunció varias conferencias en los EE.UU. e interpretó el “sueño americano”, y el “fallido americano”. Los estadounidenses conocieron las ideas de su traductor al inglés.

Entre 1912 y 1914, Sigmund Freud escribe artículos sobre la técnica psicoanalítica y da los fundamentos del tratamiento, también conocidos como “los mandamientos”: “Pagarás por las sesiones a las que concurras, y también por aquellas a las que no concurras, siempre que formen parte de tu tratamiento, y no del de otros”; “Para un buen tratamiento es útil que el paciente sepa la dirección del consultorio”. “No codiciarás los síntomas de tu prójimo”, “El analista supervisará su material clínico con otro analista más experimentado, pero los pacientes  no deben supervisar a sus analistas con otros pacientes más experimentados”. “El alta no existe, son los padres”.

Hitler, que estaba en Viena ya que todavía no había terminado de triunfar como pintor fracasado, y estaba recibiéndose de nazi, quedó muy impresionado por las ideas de Freud, y decidió no psicoanalizarse jamás.

Estamos ahora en 1921. Dice Freud: “Más allá del principio del placer está la muerte, así que conviene estar más acá, por las dudas”. Sale publicado “Psicología de las masas y análisis del yo”, libro sobre el que opinará Hitler: “Es un texto esclarecedor, quémenlo”. Sigmund Freud cumple 65 años y sus colegas le regalan un paranoico y dos obsesivos Extra Large.   Le comenta un colega: “cuando salgas a la calle es bueno llevarse un obsesivo por si refresca; te recuerda tantas veces que podrías haber traído un saquito que eso te enfurece y te sube la temperatura”. Luego le piden a Freud que piense tres deseos reprimidos y sople las velitas.

En 1926, Freud se reunió con Einstein durante 50 minutos exactos, según Freud, y aproximados, según Einstein, al cabo de los cuales Freud dijo: “Dejamos aquí por hoy” y Einstein respondió: “Bueno, nos vemos el jueves pasado”, y Freud continuó: “El jueves pasado no puedo, ¿le daría lo mismo algún jueves de cuando éramos niños?”

En 1936, los nazis proyectan quemar “Moisés y la religión monoteísta” ni bien Freud termine de escribirlo. Es un texto en el que postula que Moisés era egipcio, y aunque no lo dice, deja entrever que Edipo era judío, ya que a pesar de resolver el enigma de la esfinge, no se recibe de médico (con lo que podría haber curado de la peste a los tebanos), y entonces la  madre se muere .

En septiembre de 1939 Sigmund Freud entra en el Inconsciente para siempre. En la Alemania nazi su muerte es muy sentida, queman los pocos libros que quedaban, y para que no parezca un acto de homenaje personal, también queman algunos de Einstein, y otros que les resultaban sospechosos porque estaban llenos de letras.

Texto completo en Revista Inconciente Argentino