El 6 de mayo se cumplen 150 años del nacimiento de Freud. A esta altura, tanto en el mundo científico como en el de las disciplinas nadie con seriedad puede desconocer el descubrimiento freudiano.
Últimamente, en una nota publicada en La Nación, Marcos Aguinis señaló que es curioso pero desde las neurociencias viene un reconocimiento fantástico al psicoanálisis. Por ejemplo Eric Kandel, premio Nobel de Medicina, ha dicho que la teoría psicoanalítica descripta por Freud del aparato psíquico era lo más completo que se conocía hasta el momento.
Pero más allá de reconocimientos o intentos de refutación, Freud produce (es allí donde radica su genialidad) una ruptura copernicana que traslada el centro del hombre de la conciencia a algo que llama Inconciente. A partir de ahí comienzan a aparecer una serie de descubrimientos freudianos, invenciones, podríamos decir, que dan cuenta de la existencia de ese inconciente, de un mecanismo psíquico que es la represión, de la posibilidad de ampliar la conciencia con ese otro mundo que es el inconciente, ese otro que a uno lo habita. A partir de ahí desarrolla la teoría de la sexualidad infantil: en plena época victoriana Freud descubre la perversión polimorfa en el niño y la manera como va organizándose a partir de ahí el Complejo de Edipo.
Es un Freud que parte de su clínica y de los obstáculos de la clínica, y que cuando se decepciona del tratamiento psicoterapéutico e hipnótico de las histéricas, desemboca en un libro fantástico, La Interpretación de los Sueños. Ahí, podríamos decir, nace el psicoanálisis: la idea fundamental es que el sueño cobra un sentido, pero no el que le atribuían los mitos y las leyendas, sino aquel que implica el deseo y su tendencia a la realización. Ese libro está hecho con una cualidad muy especial que lo muestra a Freud en su entrega personal: muchos de esos sueños fueron sus propios sueños. Y así, de tropiezos y obstáculos en la cura va avanzando en el progreso de su monumental obra, de cuya vastedad dan cuenta los importantes desarrollos que producen los llamados autores posfreudianos.
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