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Moria atravesó la puerta y se produjo un silencio.
Mezcla de encantamiento y poder. Una entrada triunfal.
Se presentó y enseguida nos pusimos a trabajar. Comenzamos la entrevista mientras la peinaban y maquillaban. La conversación se volvió cada vez mas profunda. En un momento estaba tan compenetrada que le pidió, con un gesto, a su asistente, para que deje de maquillarla. Estuvimos un rato largo charlando, compartiendo su vida. Como si nunca hubiera hecho terapia pero le interesara ser escuchada más allá de su personaje.
Fue intima, por un momento fue Ana Maria.
Se mostró sin especulaciones; con sus contradicciones. Mostró su fortaleza pero también su fragilidad, su dolor.
Fue una ofrenda que nos regalo.
Fue un regalo que atesoramos.
¡Gracias, Moria!
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