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Psicología y Medios

Por: Gabriel Rolón

Psicología y Medios

Lo saludable si no vende, parece no ser atractivo para los medios. Cuál es la responsabilidad del mundo psi a la hora de generar interés en el público y los anunciantes?

Pido permiso para instalarme en este foro a intentar alguna reflexión acerca de la interacción posible (¿posible?) entre la psicología y los medios de comunicación. Estos han crecido en nuestro país, como no podía ser de otra manera, de la mano de la historia. Una historia marcada por la alternancia de períodos democráticos y dictaduras militares. Especialmente la última de estas (y ojalá así sea en el sentido pleno de la palabra) instaló de un modo fuerte la palabra represión. Fue un período en el que no se podía hablar libremente, ni se podía opinar.
Esta imposibilidad ha sido crucial en el estado actual de nuestros medios, ya que, en primer lugar elevó la opinión a un altísimo y tal vez exagerado nivel y, en segundo lugar y a modo de formación reactiva, ha generado la casi obligación de opinar sobre todo y sobre todos. Incluso de aquellas cosas que desconocemos.
¿Por qué cree usted que Fulano mató a Sultana? Le preguntan a una vecina. Y la vecina en cuestión responde: “Para mí que fue por que…” y allí da su opinión, sin conocer el caso, sin entender de asesinatos ni escenas del crimen, es más, aún antes de que la ley haya confirmado la culpabilidad del acusado.
Así aparece el “Paramisismo” (pido perdón por el neologismo) elevando la opinión al status de verdad.
¿Quién ganará hoy el partido entre Boca y River? Y el hincha de Boca o de River responderá casi con la soberbia de un científico, que su equipo derrotará al rival por tres a cero e, incluso, para no andar con chiquitas, hasta profetiza los autores de los goles.
Esto es así hasta el punto tal que hoy muchos programas se hacen solamente a partir de la opinión de la gente. Y esto ocurre porque la opinión ha reemplazado al pensamiento.
Es aquí donde podemos preguntarnos acerca de una posible convivencia entre una disciplina como la nuestra, que se nutre del pensamiento no sólo de los profesionales sino también de los que participan del hecho que nos convoca (pacientes, público) y los medios.
Cabe aclarar que es necesario diferenciar los medios entre sí, ya que no son los mismos los tiempos televisivos que los radiales y aún más grande es la brecha con los medios gráficos.
Como profesional que ha trabajado y/o participado en ellos, debo decir que mi pensamiento (tal vez debería decir mi opinión) es que nuestro lugar es, al menos, conflictivo. Porque debemos trabajar con un tiempo que nos es ajeno, eludiendo opiniones que, como tales, son más personales que profesionales.
El pensamiento permite abarcar temas amplios sin caer necesariamente en la personalización de los mismos. Es decir, podemos pensar acerca de la infidelidad, de los celos, del suicidio como temas de investigación, de interés, sin aludir a nadie. Pero el riesgo en los medios es que no se nos pregunta por los motivos que pueden llevar a una persona a ser infiel, si no por los motivos que tuvo el actor A para engañar a la conductora B. Y como no podemos responder a esa pregunta por razones, no sólo éticas, sino de desconocimiento liso y llano de la situación, podemos caer en la tentación de intentar una respuesta posible para una pregunta equivocada. Porque contestar una pregunta es darle ya un cierto estatuto. Entonces nos vemos obligados a dar algunos giros dialécticos para pasar de lo personal a lo general, aclarando educadamente y en poco tiempo (que nos come el león) que no conocemos la intimidad de la pareja de A y B.
Pero si bien es cierto que la participación de un profesional psi en el ámbito mediático es algo complejo y riesgoso, creo que no podemos renunciar a un espacio de tanta llegada a la gente sin, al menos, intentar una alternativa posible.
Tal vez debamos aprender a hablar de un modo más sencillo, más mundano. Dejar de lado esa pertenencia dialéctica y, por qué no, elitista, para adentrarnos en un territorio en el cual podamos formular nuestras ideas con el lenguaje cotidiano.
Porque así como alguna vez un médico enfrentó el desafío y habló de la salud física y de la higiene, alguno de nosotros deberá romper el fuego y atreverse a jugar de visitante para transmitir conceptos que puedan ser de utilidad a quienes nos escuchen.
Suele decirse que los medios son un lugar de servicio. Me permito decir que sería hipócrita no ligar los medios con los negocios y el dinero, lo cual no supone que lleguen a ser, aún sin quererlo, un lugar de servicio.
Los programas requieren ser escuchados o vistos y las publicaciones, leídas, para poder subsistir. Y para eso hay que generar el interés de los potenciales consumidores. He allí el desafío que nos compete si es que queremos aprovechar ese espacio. El de generar interés con nuestro decir. Aprender a movilizar en la gente pensamientos de otro orden, sin aburrirla.
No hay tiempo en los medios para explicar las consecuencias de la falla en la metáfora paterna, pero podemos deslizar un “Señora, es importante para su hijo que, aunque estén separados, él tenga un espacio con el papá. Y usted tiene derecho a ser además de madre, una mujer con intereses propios. Déjelo crecer y aprenda a disfrutar usted misma de su libertad”.
Si no lo ganamos nosotros mismos, no podemos pretender que los dueños de los medios nos regalen un espacio tan codiciado y tan costoso.
Abro un párrafo aparte para los medios oficiales. Porque los mismos no están allí, como los privados, para ganar dinero, sino para ser un puente entre la gente y la cultura, la salud, el arte. Porque no deberían ser (y esto ya es opinión) un lugar de lucro, sino de inversión. La inversión para tener un pueblo más instruido, con conocimientos que le permitan aspirar a una cierta excelencia y, por qué no, más sano.
Ante los medios podemos pararnos en la vereda de la crítica, en una especie de queja histérica, mantenernos indiferentes o tomar el riesgo de ver si hay para nosotros un lugar posible.
Si lo logramos, tal vez con la misma naturalidad con la que hoy gracias a los médicos la gente sabe que debe lavarse las manos antes de comer, entienda también que delante de los niños no se discute y que, antes de entrar a sus cuartos, hay que golpear la puerta.

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ACERCA DE ESTE AUTOR
Gabriel Rolón
Gabriel Rolón
El Lic. Gabriel Rolón es Licenciado en Psicología, UBA.
Especialista en Psicoanálisis.
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