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La Psicología del Estafado

Por: Eduardo Keegan

La Psicología del Estafado

Ingenuos vs. Ingeniosos, Estafados vs. Estafadores, Codicia e indignación. Todos podemos caer en la trampa.


De estafas y estafados

Resulta habitual atribuir la estafa a la ingenuidad de la víctima o a la astucia del victimario. El tonto y su dinero pronto son separados, dice el refrán inglés. Hay, en este dicho, una omisión importante: también muchas personas inteligentes son estafadas.

¿Debe suponerse, entonces, que el éxito de una estafa depende de la astucia singular del estafador? Este es, sin duda, un factor de peso. Pero ha de tenerse presente que si la elevada astucia fuese un factor determinante, el número de estafadores sería forzosamente pequeño: no hay tantas personas con semejante caudal de inteligencia.

Los estafados suelen sentirse idiotas y, al mismo tiempo, indignados. ¿Cómo es posible compatibilizar ambas sensaciones? La indignación o el enojo son simples de explicar, ya que expresan una sensación de superioridad moral respecto del otro –el estafador-, pero lo interesante es cómo se combina con la pregunta ¿cómo pude ser tan tonto?

Condiciones para la estafa

Existen una serie de elementos que hacen más factible que una persona sea víctima de una estafa.

• La primera condición es la familiaridad. Suele sospecharse de los desconocidos, mientras que se tiende a confiar en aquellos a quienes se cree conocer. Las personas con características antisociales –como por ejemplo los estafadores- suelen ser entradoras: poseen un encanto superficial que les permite ganarse un trato familiar por parte de gente que apenas si los conoce. Sonrientes y verborrágicos, tienen la capacidad de hacernos sentir que conectan perfectamente con nuestra visión de las cosas. El estafador nos trata como iguales, como personas de mundo capaces de comprender los secretos mecanismos por los cuales alcanzar dinero sin mayor esfuerzo. Por el contrario, una persona honesta pero que es tan callada como retraída resulta más ansiosa desde el punto de vista social, y por ello mismo tienden a imaginar que son vistos por los otros de un modo crítico. Resulta mucho más difícil relacionarse con esta clase de persona, pero lo cierto es que son mucho más confiables.

• La segunda condición para la estafa es la codicia. El estafador invariablemente promete una ganancia extraordinaria que se puede obtener sin mayor esfuerzo, merced a un dato secreto o a conexiones con personas influyentes: el dinero está allí, al alcance de la mano, y despierta el deseo de obtenerlo aún por fuera de las reglas. Este es el caso, por ejemplo, de las famosas cartas de Nigeria, que proponen repartirse los fondos depositados en una cuenta durmiente a nombre de una persona fallecida sin sucesores.

La codicia, como la ansiedad, genera rigidez cognitiva: bajo esta condición resulta más difícil evaluar la información que contradice el modo codicioso de ver las cosas. El argumento de la película 9 Reinas nos da un ejemplo muy claro de esto: hacer una fortuna en el transcurso de pocas horas, con un plan que en apariencia no tiene fisuras y que es, en ese sentido, un negocio que garantiza ganancias inéditas para una persona que vive de su trabajo.

Gobernados por el ánimo expansivo que acompaña el uso imaginario de las riquezas auguradas tendemos a minimizar el peligro implícito. Puedo resistirlo todo, menos la tentación, decía muy elegantemente Oscar Wilde, y es una máxima que el estafador sabe muy bien: por eso trata por todos los medios de activar la codicia en aquella persona a la que desea desplumar. Cuando la codicia no se activa, nuestra desconfianza se instala aún cuando no sepamos por qué. Demasiado bueno para ser verdad, pensamos en ese caso.

Me engañaste, me mentiste

Es por esta serie de razones que encontramos tanta indignación en las víctimas: se trata de un intento de poner distancia moral entre él y su victimario. En el momento del idilio, el estafador y la víctima potencial se burlan de algún tercero al que imaginan perjudicado o al menos no tan inteligente como para percatarse de aquello que los hará ricos.

La historia de los argentinos está llena de ejemplos de este tipo. El primer momento implica un apoyo incondicional a la promesa de turno. Y, luego, el trágico final: yo nunca pensé que podían hacer algo así, yo nunca me imaginé que podría llegar a eso. ¿Se acuerda del protagonista de Plata Dulce, interpretado por Federico Luppi, al que alentaban a tomar crédito de su propio banco y terminaba preso mientras aquellos que lo habían incitado continuaban en libertad?

En suma, desconfíe de las grandes sonrisas.

Y si busca un socio, nada mejor que un fóbico social.

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ACERCA DE ESTE AUTOR
Eduardo Keegan
Eduardo Keegan
Eduardo Keegan es Doctor en Psicología de la Universidad de Buenos Aires profesor universitario y psicólogo clínico. Keegan es reconocido por su papel en el impulso de la Terapia Cognitiva en la Argentina.

Realiza tratamientos clínicos y , desde hace quince años, forma profesionales y entrena terapeutas en psicoterapia cognitivo-conductual en la Argentina y el exterior Como psicólogo clínico atiende pacientes con diversas patologías desde hace más de dos décadas.

Es profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires desde 1984 siendo, actualmente, catedrático de Psicología
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Comentarios
Enviado por: fer // 10/04/2011 11:00:38
esta muy bueno el articulo, creo que lo describe al estafador de una manera clara.mi hermana y yo sufrimos una estafa de una persona con todas las características mencionadas anteriormente...este sujeto me robo todo lo que tenia y me dejo en la calle, haciéndose pasar por mi pareja, casi 10 años mayor que yo...le creí todo, fui muy ingenua pero cuando me di cuenta que algo no estaba bien y quise salirme de todo eso me privaba de libertad, sufrí amenazas de muerte, entre otras muchas situaciones dolorosas que tuve que pasar...al día de hoy no pude dar con mi dinero ni el de mi hermana que supuestamente el guardaría y nunca , aunque se lo pedí, lo volví a ver...hoy por hoy la suma seria de unos 350.000 pesos o mas...el dolor enorme que siento y las pocas ganas de vivir que tengo ...en fin, paso noches enteras sin poder conciliar el sueño, tuve una buena vida, muy tranquila economicamente hablando con una de las mejores obras sociales del país y al día de hoy lo perdí todo...solo puedo decir que mas que tonta, fui confiada y me sensibilice con él y su madre que también me mintió...es muy triste todo esto, pero bueno debo salir adelante...eso si no vuelvo a confiar en un hombre nunca mas!no tan solo fue una estafa economica sino tambien afectiva, es lo que mas duele...con respecto a la codicia no se en que parte de mi historia entra ya que el no tenia nada y yo era quien sostenia todo lo economico...gracias.

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