La producción de fotos estaba planeada en su casa. Llegamos todos antes que él.
Sonó el teléfono: era Fernando. Quería hacer la entrevista en un lugar más íntimo, con menos gente alrededor (gente conocida). Nos citó en un bar en el río.
Era un día de sol radiante. Estuvimos casi dos horas conversando. Atento, concentrado en cada palabra, agudo, interesado en que lo entendiera (y lo entendieran). Luego contó que por su timidez prefirió estar tranquilo para contestar. Sí, timidez…
Nos fuimos a su casa. Estaba todo armado. Fue muy perfeccionista en su trabajo. La oportunidad de ser retratado de una forma no habitual en él. Sabía muy bien lo que tenía que hacer. Se divirtió y nos divirtió a todos.
Muchas anécdotas. Una: después de la larga sesión de fotos se calzó un blazer rayado que llevamos y posó junto a sus perros. Siguió la diversión. Otra: al finalizar nos quedamos todos charlando mientras comíamos el exquisito pastel de papas que había cocinado María.
Nos ofreció su casa, nos ofreció su intimidad. Esperamos haberla honrado.
¡Gracias, Fernando!