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Los libros no muerden
Por Valeria Limonoff

Canela, amante lectora y escritora, nos da su mirada acerca de los niños y los libros atribuyéndoles un valor fundamental para la enseñanza.

¿Cómo ves la relación entre los niños y la lectura?
Hay una cantidad de presupuestos o prejuicios acerca de los niños y la lectura, centrados en una observación de los padres, los libreros, los que hacen libros: que los chicos leen cada vez menos, sólo leen en la escuela, y lo que allí les hacen leer no les interesa. En general todo eso está muy teñido de cierto prejuicio, depende de dónde viene la reflexión. Lo que yo puedo decir es que les es difícil. Leer no es una actividad necesariamente placentera, porque no siempre los chicos tienen una fluida comprensión de lo que leen: llegar a comprender el argumento de un cuento, al punto de disfrutarlo, impone un recorrido en la historia lectora de cada niño y en ese recorrido interfieren padres que no leen, escuelas que tienen un currículum muy sobrecargado. Umberto Eco dijo una vez que si la escuela no sirve para que un chico salga lector, la escuela no sirve para nada. Y yo pienso más o menos lo mismo. Yo recuerdo, en mi infancia, el tiempo de la lectura en la escuela como algo sumamente placentero; ahora está, pero en una programación escolar que exige que el chico sepa muchísimas cosas, cuando en realidad las esenciales no son tantas. Para mí, lo más importante es la posibilidad de expresarse fluidamente, que tiene mucho que ver con la lectura y poder conectarse con el placer de comprender lo que se lee. Hay otras formas de lectura hoy: la lectura de las imágenes de la televisión, el mundo tiende a la imagen como parte del lenguaje cotidiano. Pero quién sabe qué habilidades desarrolla en los niños esta información visual que reciben, quizás en demasía; ahí está la función de los padres, más que de los educadores: dosificar; dicen que la perilla más importante de la casa es la que apaga el televisor. Dosificar la cantidad de horas que un chico está frente al televisor o a la computadora significa tener el poder de contribuir a la educación de los hijos; si el chico domina a su voluntad la exposición a la pantalla, se expone a cierto desequilibrio emocional.

¿Cómo pensás que la lectura compite con la tecnología?
No tiene que competir; los libros tienen que hacer lo suyo, ser buenos libros y tienen que hacer lo suyo las escuelas, los padres, las librerías. El libro va a ser atractivo en tanto el chico haya hecho un desarrollo como lector. Y tiene que haber buena escritura, tiene que haber un autor, el verdadero valor de los libros está en la calidad de los textos y de la ilustración.

¿De qué hablan los libros hoy en día?
Hay de todo, más que nunca hay un abanico infinito: colecciones de libros de cuentos, de novelas, aventuras. Las preferencias de los chicos van hacia las historias de monstruos, de fantasmas, de miedo.

¿Qué valor le aporta un libro a un niño?
Un libro en particular puede cambiarles la vida a un niño y a un adulto. Los libros son como un sistema de señales luminosas, los buenos libros lo son. Y uno busca de noche las estrellas o no las busca.

 


Volver
Por Octavio Fernández Mouján

Las tragedias familiares tienen su propio devenir. Uno de ellos es ocultarlas (“de eso no se habla”), lo que provoca la formación de fantasmas individuales o grupales que deforman la realidad y originan actuaciones que “repiten la historia para no recordarla”: cuando las tragedias no se ocultan, se enfrentan, entonces es necesario el perdón, la reconciliación y la reparación. Esa es la lectura que haré de este film de Pedro Almodóvar.

Se trata de “volver” a los hechos traumáticos para que no se repitan y se posibilite su superación. Las historias trágicas de Raimunda y Paula tienen entre sí un correlato: el abuso sexual. Paula mata a su supuesto padre (marido de Raimunda) ante un intento de este por abusarla. “No era tu padre”, le dice Raimunda tratando de consolarla, cuando la encuentra desesperada bajo la lluvia. “Tu verdadero padre ha muerto”, aclara dejando en suspenso su nombre. Se trata de la tragedia de Raimunda que fue abusada y embarazada por su propio padre.
Todo este primer relato tiene un contexto social donde el “sentido trágico de la vida” (Miguel Unamuno), que es asumir con dignidad la muerte y las tragedias, no es tenido en cuenta. Por el contrario, los muertos son como “fetiches” que ocultan la profundidad del hecho vital de morir y sufrir. Por eso es que se convierte en un melodrama que alimenta la voracidad de los televidentes. Otra versión de este ocultamiento del “sentido” que tienen las tragedias humanas es verterlas en narrativas fantasmales que falsean la realidad y tranquilizan la conciencia colectiva.

El cementerio era un lugar de encuentro para limpiar las tumbas y ponerles flores, como si fuera la habitación del muerto. En el pueblo se decía que la madre de Raimunda, supuestamente muerta en un incendio abrazada a su marido, se había aparecido a varias personas. Además nadie se explicaba cómo una tía arteroesclerótica se las arreglaba para vivir sola. La muerte de esta tía provoca un cambio de relato. Este hecho coincide con la muerte del marido de Raimunda, cuyo cadáver fue ocultado por esta y su hija. Para explicar su  desaparición  se dijo que se había ido con otra mujer y nadie lo puso en duda, aunque hubo testigos del traslado de un freezer que luego fue enterrado…

Lo cierto es que estos hechos abren la terrible historia familiar cuando la madre de Raimunda y Sole decide aparecerse a Sole. El fantasma de la madre muerta no era tal, la madre estaba viva y se había dedicado a cuidar de incógnito a la tía incapacitada. Mientras tanto Agustina, una vecina de la tía y amiga de la familia seguía preguntando: “¿por qué mi madre desapareció el mismo día del incendio donde supuestamente habían muerto los padres de Sole y Raimunda?” Es que el incendio había sido provocado en un ataque de celos por la madre-fantasma. Los que habían muerto eran el padre y su amante, la madre de Agustina. ¿Por qué volvió a aparecer esta madre? Para pedirle perdón a Raimunda por haberla descuidado como hija de su perverso padre, y para reconciliarse con sus hijas y nieta. Intentó reparar su error, ayudando a esta tía y a Agustina, luego de saber que esta estaba gravemente enferma, por eso se fue a vivir con ella para acompañarla hasta “su fin” y contarle toda la verdad. “Cómo no lo voy a hacer después de lo que hice con su madre”, le dice a Raimunda que reclamaba su presencia luego de la reconciliación.
“Las intimidades familiares las tenemos que resolver entre nosotras”, dice Agustina cuando es tentada a hablar por TV de las intrigas pueblerinas. Esto es lo difícil y la película Volver lo hace posible.

“Que la verdad nos hace libres”, como se dice, no es una mera retórica, lo mismo que el perdón libera y permite la reconciliación y la reparación. Pero ¿libres de qué? En primer lugar de una sociedad melodramática y mentirosa que transforma en espectáculo las verdades históricas que solo pueden contar los vencedores o los que detentan el poder. Y en segundo lugar, libres de nuestras propias fantasías que nos alejan de la vida en su sentido más trágico, por miedo a una libertad responsable. Creo que por esto en el camino entre los dos pueblos (familias, generaciones, personas, países) aparecen molinos de viento, que supongo aluden a Don Quijote de la Mancha, que pelea contra ellos creyendo que son monstruosos enemigos. Los hechos se vuelven “siniestros” (Freud) cuando ocultamos nuestras historias individuales y colectivas. Agregaría: ¿será por esto que la verdad y el perdón nos hacen libres y solidarios?



Inés del Alma Mía
de Isabell Allende
Sudamericana, 2006
368 páginas, $39

Inés Suárez es una joven y humilde costurera extremeña que se embarca hacia el Nuevo Mundo para buscar a su marido, extraviado con sus sueños de gloria al otro lado del Atlántico. Anhela también vivir una vida de aventuras, vedada a las mujeres en la sociedad del siglo XVI. En América, Inés no encuentra a su marido, pero sí un amor apasionado: Pedro de Valdivia, maestro de campo de Francisco Pizarro, junto a quien Inés enfrenta los riesgos y las incertidumbres de la conquista y la fundación del reino de Chile. En esta novela épica, el aliento del amor concede una tregua a la rudeza, la violencia y la crueldad de un momento histórico inolvidable. A través de la pluma de Isabel Allende se confirma que la realidad puede ser tanto o más sorprendente que la mejor ficción, e igualmente cautivadora.
Una historia apasionante de leer.